lunes, 28 de enero de 2013

Solteritas y muy buenas



¡Solteritas, solteritas!, grita todos los días por las calles de Salamina, Jair Manrique Adarve de 60 años. Su jornada de trabajo comienza en su casa a las 7:00 de la mañana, con la preparación de la crema y las galletas, para las solteritas. Está saliendo a hacer su recorrido después del mediodía.

Este comestible, según Jair, es una especie de mecato, que consiste en una galleta hecha de harina de trigo, huevo, mantequilla y color, frita en aceite; acompañada de una crema de un sabor muy particular elaborada con panela, maíz y recubierta con crema de leche, esencia de vainilla y coco raspado.

Cuenta que una vez que estaba en Pereira un señor le dijo como hacer las galletas. Una vez aquí en Salamina, comenzó a experimentar y hace 7 años los salamineños degustan con placer su producto. “No es un trabajo muy fácil que digamos. Me he ido perfeccionando con el tiempo. Hay que fijar muy bien el punto a la mezcla”, dijo. Tiene mucha clientela, inclusive en ocasiones las señoras le piden la crema que el prepara, para comerla en sus casas, acompañada de galletas, pan o tostadas y leche condensada.

La competencia y los precios

Con tranquilidad dice que hace un tiempo apareció un señor en el pueblo que le monto competencia. Pero esta no duro mucho,  ya que la gente esperaba en las calles a que el pasara para comprarle. Por lo regular vende las Solteritas a 500 pesos. En un día corriente le compran 30 y en los buenos hasta 60. Refiriéndose al trabajo dijo: “Ahí se defiende uno. El tiempo ha estado muy bravo. En lo económico estamos fregados”.

La forcha

También vende forcha. Una refresco fermentado que hace con harina, fécula de maíz y panela. Dice que esta bebida también se consume en Manizales, Pereira y en parte del Valle del Cauca. En Salamina se toma hace muchos años. Antes un señor de apellido Leiva la preparaba y luego fermentaba en barriles de madera. 

En ocasiones la acompañan con cola granulada, milo o leche. “Al principio tiene un sabor como a cerveza, pero cuando está bien fermentada sabe a ron”, precisa.
A las 7:00 de la noche sube por la calle cuarta hasta El Alto, para llegar a San Vicente, donde vive hace 10 años con una hermana y una sobrina.





Fotografia y texto: Luis Fernando Rodriguez Garcia.

 


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