lunes, 18 de marzo de 2013

Animas, espantos y guaqueria



El guaquero más importante de Salamina en los últimos tiempos, es José Uriel Tangarife Gallego, conocido como Meloy, quien vive hace cerca de cinco años en el Hogar Nuestra Señora de las Mercedes. Está en silla de ruedas, a causa de un derrame.

Dice que durante su vida destapó cerca de 50 guacas, de donde sacó mucha cerámica, que quedó en la Casa de la Cultura Rodrigo Jiménez de Salamina. También encontró tumbas con unas bóvedas sorprendentes. “Yo nunca pensé que los Indios fueran tan curiosos y tuvieran tanto conocimiento de construcción. Encontré unas paredes cortadas a plomo, con todo muy bien elaborado” dijo  refiriéndose a uno de sus hallazgos de otras épocas.

En una ocasión un señor le dijo que cuando iba por un camino escucho a sus espaldas como si hubieran descargado un bulto de varillas. Él fue y cavó. Allí encontró un pectoral y seis narigueras de oro, que luego vendió en una prendería de Salamina.
Con un brillo de satisfacción en los ojos, indicó: “Nosotros vaciamos los basureros. Las guacas donde hay mucho oro están sin hallar. En Puerto Arturo me encontré una que cubrieron al natural. Los indios eran muy maliciosos”.

Mitos y espantos

En la guaquearía, al momento de estar cavando no puede haber alguien pensando cosas malas y tampoco se debe ser codicioso, porque las cosas de valor se corren y no se encuentran.

En Semana Santa y en el mes de las ánimas, es la época para descubrir guacas y entierros, sobre todo el jueves y viernes santos. Esas noches los guaqueros se la pasan caminando en el monte, buscando en aquellos lugares donde se han visto llamaradas, animas, espantos o luces. Solo acompañados por un termo con café. Pero deben llevar en el bolsillo de la camisa corazón ramas de altamisa y hojas de eucalipto, para que al encontrar el ánima, no les hele el corazón. 

Entre las historias que cuenta Meloy en su larga vida como guaquero, están son algunas: dice que una noche por la vereda Portachuelo, desde la distancia, vio bajar por la loma una luz azul que titilaba y que al llegar a un punto se dividió en cuatro. Luego supo que iba siguiendo a sus compañeros que corrían aterrorizados.

Un Viernes Santo se metió por la cañada de Nudillales, a atisbar una luz que habían visto subir. Al llegar a la parte alta, entre unas rocas, se le apareció un murciélago grande, con un ribete blanco en las alas y una cabeza de ratón inmensa y que en la parte de abajo era como una tijera. Él quedo aterrado.

Otra vez una anima se le paro enfrente, flotando a unos centímetros sobre el suelo. No pudo hablar y quedo congelado. En otra ocasión se fue con unos amigos a cazar en un sitio de nombre Tres Jotas, en el municipio de Marulanda. Cerca de una roca inmensa decidieron detenerse y hacer el desayuno, aprovechando que había agua corriente. En un camino que pasaba por el sitio, encontraron huellas de una guagua. Por lo que de inmediato pusieron a uno de los perros a oler. Este salio disparado hacia las rocas. Al rato, en vez de ladrar, aullaba y luego comenzó a quejarse, por lo que los cazadores lo llamaron en varias ocasiones y hasta hicieron unos tiros al aire. A pesar de lo cual del perro no volvieron a saber algo. Por la tarde se fueron a dormir en una bodega de papa, situada a un lado de la carretera, allí el dueño del lugar les dijo que entre esas rocas se perdían los perros y que en algunas ocasiones los habían encontrado con las manos cortadas. También les explicó que en Semana Santa, en esas rocas se abre una puerta, porque allí esta el tesoro de María la Parda. Hay quien dice haber visto adentro muebles y un intenso resplandor dorado. Pero que nadie ha podido entrar.

También escucho que en la vereda Calentaderos del municipio de Salamina, en el monte de La Campana, ven una culebra muy grande y bonita, que hace huir a la gente que va por allí y en una laguna mas arriba, aparecen unos patos amarillos, que al ir a cogerlos desaparecen. Para terminar señala: “Los espíritus y los entierros si existen, pero solo los ven las personas de corazón puro”.







Fotografias y texto: Luis Fernando Rodriguez Garcia.
 


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